El mapa que muestra la compleja producción de un auto entre México, Canadá y EE.UU. (y qué efecto tendrán los aranceles de Trump)

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Un auto tiene más de 30.000 piezas. Algunos de esos componentes cruzan varias veces las fronteras entre México, Canadá y Estados Unidos antes ingresar al ensamblaje del producto final.

Las cadenas de producción entre los tres países están tan entrelazadas que el mercado automotriz de esa región depende de la integración comercial entre esas naciones desde hace más de 30 años, cuando se creó una zona de libre comercio en 1992 a través del tratado TLCAN o NAFTA, que luego se convirtió en el actual T-MEC.

Durante casi todo ese tiempo las empresas automotrices del América del Norte no pagaron aranceles. Pero eso está a punto de cambiar ahora que la Casa Blanca anunció que impondrá aranceles de hasta un 25% para todos los automóviles no fabricados en Estados Unidos.

En la práctica, eso significa que los importadores estadounidenses de autos -y de sus componentes- tendrán que pagar el arancel en la aduana cada vez que ingresen un vehículo extranjero.

Trump ha dicho que la medida generará un “tremendo crecimiento” para la industria automotriz de su país, impulsando el empleo y la inversión dentro de sus fronteras.

“Esto es permanente”, indicó Trump hace unos días. “Pero si fabricas tus automóviles en EE.UU. no hay arancel”.

Analistas han señalado que es probable que la medida cause importantes disrupciones en las cadenas de fabricación, aumente los precios que pagan los consumidores y tense las relaciones con los aliados de EE.UU.

Esta sacudida comercial se sentirá dentro y fuera de EE.UU.

¿Por qué es tan compleja la producción de automóviles?

La producción es compleja, principalmente por el alto nivel de integración industrial en el proceso de fabricación de un vehículo, y la mejor manera de entender esto, es a través de un ejemplo, como el que muestra el siguiente mapa.

La ilustración sigue el viaje de una autoparte desde que se compra el material básico para su fabricación, hasta que la pieza termina ensamblada.

En este caso, se trata de un pistón de aluminio, una de las piezas mecánicas más importantes dentro de un motor.

Como muchas otras autopartes, el pistón viaja varias veces entre los tres países antes de llegar al consumidor final.

Infografía que muestra cómo las autopartes se mueven entre Canadá, México y Estados Unidos

Un auto usa varios pistones y su principal función es crear la energía que impulsa el movimiento del vehículo. Aquí te explicamos cada uno de los puntos que aparecen en el mapa:

  • Punto 1: polvo de aluminio enviado desde Tennessee

En este mapa el viaje del pistón comienza con el polvo de aluminio, un metal ligero, de alta conductividad térmica y fácil de cortar. El aluminio se transforma en una barra de metal a partir de la cual será fabricado el pistón.

  • Punto 2: se convierten en pistones en Pensilvania

En Pensilvania el metal es fundido o forjado, según sea el método de fabricación del pistón. Suelen utilizarse aleaciones de aluminio con otros metales.

  • Punto 3: Las bielas se moldean y pulen en Canadá

El pistón fabricado en Pensilvania cruza la frontera para llegar a Canadá, donde una pieza esencial del mecanismo llamada biela, se moldea y se pule.

  • Punto 4: Las bielas se envían a México para su ensamblaje

En México se hace el ensamblaje del pistón y la biela. Estas piezas quedan unidas a través del cigüeñal, un eje que transforma el movimiento rectilíneo en circular y viceversa para que llegue a las ruedas del carro.

  • Punto 5: Los pistones entran al motor en Michigan

En la ciudad de Michigan, en Estados Unidos, finalmente el pistón se pone dentro del motor, como muestra la ilustración.

En este ejemplo, el pistón solo cruza tres veces las fronteras de América del Norte: primero viaja de EE.UU. a Canadá, luego de Canadá a México, y desde México vuelve a EE.UU.

Sin embargo, hay otros ejemplos que implican más cruces fronterizos, dependiendo de la materia prima que se usa para la autoparte, la cantidad de empresas que participan en la cadena industrial, dónde se hace el ensamblaje de todo el vehículo, y en qué país está el destino final del producto.

Eso explica por qué un pistón puede utilizar una ruta distinta a la que muestra la ilustración y, en algunos casos, cruzar hasta seis veces las fronteras.

Así ocurre con los pistones que usan el aluminio enviado desde Michigan a Ontario (cruzando la frontera entre EE.UU. y Canadá).

En Ontario el aluminio se funde y se transforma, vuelve a Michigan y desde ahí viaja a México para su acabado.

Desde México es enviado a Wisconsin, donde se ensambla con bielas y anillos, luego viaja a una planta de motores en Michigan y desde ahí vuelve a una planta en Ontario.

Finalmente, el vehículo terminado se envía desde Canadá a EE.UU. o México, donde se pondrá a la venta.

Ese complejo ir y venir de una pieza forma parte de un engranaje comercial muy bien aceitado que tiene una larga historia y del cual dependen muchas empresas pequeñas que proveen otros servicios y componentes durante el proceso.

Así ocurre con los módulos de transmisión de un auto, que pueden cruzar las fronteras hasta siete veces, o un cinturón de seguridad fabricado en México que puede atravesar hasta nueve veces las fronteras de América del Norte.

Así, con todas las autopartes que lleva un vehículo en su interior, los aranceles se han convertido en un dolor de cabeza para las compañías localizadas en los tres países que participan en la cadena de producción.

¿Qué efectos pueden tener los aranceles en la industria automotriz?

Los aranceles impuestos al sector automotriz se suman a las tarifas de 25% que el gobierno de Trump impuso al acero y el aluminio en marzo, amplificando el impacto de la política arancelaria estadounidense en sus socios comerciales.

Pese a la reacción negativa que ha generado la estrategia de la Casa Blanca en sus vecinos, la medida contempla algunas salvedades para los productos automotrices provenientes de esos dos países, como la cláusula referente a descontar el “contenido estadounidense” del vehículo en la tasa arancelaria.

Bajo esta excepción, los autos de esas dos naciones solo tendrían que pagar el arancel del 25% en su contenido no estadounidense.

Eso se determina en un proceso de certificación que establece el origen de los componentes que forman parte del producto final.

Por lo tanto, el efecto de los aranceles serán distinto según cada marca y modelo de auto que cruce la frontera, ya que no todos tienen los mismos porcentajes de contenido extranjero y de contenido estadounidense.

Algunos analistas han estimado que es posible que los autos importados desde México terminen pagando una tasa arancelaria de alrededor de un 15% de promedio, pero otros expertos creen que aún es muy pronto para determinar cuál será realmente el porcentaje final.

Esas condiciones se aplicarán a los autos completos importados a EE.UU. Sin embargo, las autopartes mexicanas forman parte de una historia diferente.

Las autopartes se salvaron, por ahora, de los aranceles.

Eso porque la Casa Blanca les dio una tregua a los componentes automotrices mientras define una metodología para certificar su origen.

Mientras no la tenga, las autopartes seguirían cruzando las fronteras sin arancel, de acuerdo a la información entregada por el gobierno de Trump.

Sea cual sea el arancel final que pague un importador de autos, los expertos han advertido que los carros subirán de precio. Y el propio Donald Trump ha dicho que si el precio sube, “no le puede importar menos”.

En EE.UU. economistas advierten que el aumento del precio de los vehículos puede elevar la inflación, especialmente cuando el arancel a la industria automotriz va de la mano con tarifas impuestas paralelamente a otros productos.

La suma de las medidas arancelarias en su conjunto difícilmente mantendrá la inflación controlada, sostienen.

El aumento de los precios de los autos, explican los expertos, puede disminuir la demanda de los consumidores y afectar el crecimiento económico del país, llevándolo eventualmente a una potencial recesión.

En México y Canadá también puede verse afectado el crecimiento económico, aunque en el lado mexicano, la situación es aún más crítica dada la magnitud de la industria automotriz y el gran peso de sus exportaciones en la economía nacional.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha expresado su preocupación por la pérdida de empleos que puede generar la medida. Incluso muchas fábricas pequeñas podrían irse a la quiebra si no logran resistir el impacto.

También en México genera preocupación que la política arancelaria de la Casa Blanca disminuya las inversiones, aumente el desempleo y afecte a toda la economía en su conjunto.

El precio de los autos

México es el principal exportador de automóviles a EE.UU., seguido de Corea del Sur, Japón, Canadá y Alemania.

En 2024, el país latinoamericano envió casi 3 millones de vehículos terminados, por un valor cercano a los US$78.500 millones.

Al sumar autopartes y motores, los envíos totales superan los US$182.000 millones, según cifras del Departamento de Comercio estadounidense.

Debido a la profunda integración regional de la industria automotriz en América del Norte, analistas aseguran que los precios de los carros subirán.

¿Cuánto subirán? Eso aún está por verse. Distintos estudios estiman que el precio puede aumentar entre US$4.000 y US$10.000 según el modelo.

Lo que está pasando actualmente es que los consumidores estadounidenses están comprando más autos anticipándose a las subidas de precios proyectadas.

Los que han recibido las noticias sobre los aranceles con satisfacción son los trabajadores de la industria automotriz en EE.UU. El líder del sindicato United Auto Workers, Shawn Fain, quien se había opuesto a Trump en las elecciones, ha elogiado las acciones del presidente y dijo que estaba “dando un paso adelante para poner fin al desastre del libre comercio, que ha devastado a las comunidades de la clase trabajadora durante décadas”.

Más allá de la industria automotriz, la aplicación generalizada de aranceles en EE.UU. sobre una serie de productos importados forma parte de la estrategia de Trump que, según dice el presidente, busca proteger a las empresas estadounidenses e impulsar la industria manufacturera.

En el caso mexicano, el presidente también ha utilizado la amenaza arancelaria con el argumento de que el país no ha hecho lo suficiente para frenar la migración y el tráfico de fentanilo a EE.UU. por la frontera entre ambos países.

Cualquiera que sea la justificación, las señales apuntan a que la Casa Blanca piensa seguir adelante con su plan, desoyendo las advertencias sobre el potencial daño económico al país.

“Los aranceles buscan que Estados Unidos vuelva a ser rico y grande. Y eso está sucediendo, y sucederá bastante rápido”, declaró Trump en marzo.

“Habrá una pequeña perturbación, pero estamos bien con eso”, añadió. “No será mucho”.

Se espera que nuevos impuestos a la importación de automóviles en EE.UU. entren en vigor el mismo día en que se apliquen los “aranceles recíprocos” anunciados por Trump al resto del mundo o, a más tardar, el jueves 3 de abril.

Con información de BBC Mundo.-